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¿Dónde están las músicas?


Cuando Ruidosa presentó su estudio sobre la presencia de las músicas en festivales en Latinoamérica entre 2016 y 2017, los números no solo mostraban una clara exclusión, la respuesta de organizadores, periodistas musicales y promotores confirmaba el proceso de invisibilización. 

Afortunadamente hubo grandes repercusiones a partir de los datos duros, entre ellas la Ley Mercedes Sosa en Argentina, la realización de censos en Brasil, Chile y Colombia, además del desarrollo de acciones colectivas e individuales para lograr la apropiación de espacios, la creación de más eventos (incluso la Covida nos ha proporcionado más encuentros) y el diseño de mapas que expresan los territorios físicos y virtuales donde se desarrolla la creación.

Ser mujer de música en México ha sido aprender a nadar a contracorriente, una clara prueba de resistencia a partir de las limitaciones y la continua negación de su participación, las frases “no existen”, “no hay muchas” y “las mujeres no estudian música” son lugares comunes. Fueron las respuestas recurrentes que obtuve al liberar un cartel editado de Vive Latino 2020, pocos cuestionaban la ausencia, en cambio justificaban la invisibilización, una violencia cultural que legitima la violencia estructural y perpetúa el ejercicio de la exclusión.



Así como se crea una cartografía femenina como herramienta para definir nuestras historias, al considerar empujes individuales y organizaciones colectivas y posicionarlos en un mapa, no solo reivindica la presencia de la mujer como protagonista, creativa y artista, también como líder rupturista. Determinar los espacios donde se desarrollan no solo sirve para ubicarlas dentro de una escena, también permite responder al continuo cuestionamiento de dónde están las mujeres que se ha propagado al analizar carteles de festivales.

Dado que las aportaciones de las músicas frecuentemente son poco investigadas, se les excluye sistémicamente de la vida contemporánea (en términos institucionales, estructurales, de procesos sociales y como artefactos culturales), la creación de mapas se ha convertido en una herramienta que impulsa la investigación, crea un espacio transversal que refleja y conecta el territorio con el espíritu y el contexto en el que se desarrollan, sin convertirse en un caso marginal o una mera anécdota sin identidad o realidad social.

La cartografía femenina no solo ha permitido acuerpar y ubicar espacios peligrosos, evidenciar la violencia hacia las mujeres y ausencias incluso en los nombres de las calles, como lo han hecho María Salguero y las Geochicas, también ha permitido agrupar y rendir tributo a través de proyectos como el de la musicologa Sakira Ventura, quien ubicó a las músicas a lo largo de la historia, y el análisis a partir de la ejecución que generó la compañía de teatro CroMagnon con su Audiomapa Digital.

Hoy Sonoridad se suma a la cartografía femenina para celebrar el Día Internacional de la Música y libera un proyecto que inició como un ejercicio de verificación de lo que ya sabíamos, hay más de las que conocemos o se incluyen en festivales. La lista tiene como objetivo no solo es posicionarlas en el mapa y sumar datos para cerrar una de tantas brechas, también es mostrar la diversidad de géneros donde se desarrollan y crear un directorio de los proyectos activos en la actualidad.

Les comparto la primera fase del Mapa de Músicas Mexicanas, que incluye más de 140 proyectos realizados por mujeres, bandas mixtas, sellos discográficos, festivales y colectivas que, a pesar de la insistente invisibilización, claramente responden: “ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven...”.

Si te interesa sumarte al Mapa deMúsicas Mexicanas, sigue el link y llena el formato de registro.


Publicado originalmente en Indie Rocks!

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