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Cults - Static




A pesar del dramático rompimiento de la vocalista Madeline Follin y el guitarrista Brian Oblivion, el fin de cuatro años de relación parece no afectar a Cults, la dinámica del dueto sigue intacta en su segundo álbum, su sello y tono pop de banda de chicas de los 60 sigue ahí, aunque las letras hacen pensar que el mal trago no pasa en balde.

Como una terapia auditiva de varias facetas que va de conmoción y resentimiento a la resignación y camino hacia otro lado, Static no tiene letras tan agudas como su álbum debut Cults (2012), pero el engañoso pop aporta algo diferente con algunos toques de oscuridad y una estática que logra un sentido de uniformidad de estados de ánimo que pueden abarcar muchas ironías como “para siempre”, “no seremos un problema nunca más”, “creí que eras el único” y “eres mío”.

Todas las canciones tienen esa consistencia de pesimismo, la voz de Follin apunta de muchas formas hacia la melancolía en cortes como High Road, Shine A Light, We’ve Got It, No Hope y de forma exhaustiva en el diálogo a dos voces de Were Before. La atmósfera general enfatiza el tono y las intenciones del disco, la frustración es tangible, pero la repetición del tema desgasta aún cuando a través de la interferencia en el panorama (entre claro y borroso) se intenta transmitir de forma atinada el título de Static.

El álbum falla en variedad, pero Cults logra sonar diferente al mostrar que no hay más ambiciones que extenderse de forma creativa. No es un disco de romance, es uno de ruptura y sus jugos sumergidos en lo-fi, intenta evidenciar que el proyecto es más importante que la relación personal, pero acentúa la situación e impulsa buscar una nueva profundidad en las letras, ya que la instrumentación dentro de la misma línea que ha seguido Cults en los últimos tres años.

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