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Bateristas al frente: historias, cuerpo y escena en "Mapear el ritmo"

FB Museo Universitario del Chopo


El pasado 22 de marzo, en el Museo Universitario del Chopo, se llevó a cabo el conversatorio Mapeando el ritmo como parte del festival Las Mujeres También Hacemos Ruido, una iniciativa que surge del mapeo de bateristas mexicanas impulsado por Mariela Sánchez (Bloody Benders). Moderado por Karina Cabrera, el encuentro reunió a Pamela Escamilla, Michelle Pantoja, Emilia y Norma López en un diálogo intergeneracional que puso al centro las experiencias en la batería.

Desde el inicio, la conversación se planteó como una oportunidad para escuchar historias que rara vez ocupan el foco. “Estamos y vamos a platicar con personas que están detrás del escenario”, se señaló al abrir el panel, subrayando la intención de traer al frente a quienes suelen quedar fuera de la narrativa mediática, las Lead Sisters que son el corazón de las bandas.

Las trayectorias compartidas evidenciaron distintos momentos de la escena. Pamela Escamilla relató cómo su acercamiento al instrumento comenzó en la infancia y se consolidó en la adolescencia a través de clases formales y bandas como Mami Yasbeck y Falsa Fortuna, hasta su proyecto actual Día de Noche. “No me dedico a la batería como actividad principal… soy periodista, pero es mi primer amor”, afirmó, dejando ver la persistencia del vínculo con el instrumento.

Por su parte, Michelle Pantoja recordó sus inicios en la banda de guerra y el impulso que encontró en la adversidad: “Eso me dio mucho poder para decir: quiero aprender a tocar”. Su recorrido la llevó de proyectos como The Deep Song y The Hellish a Hot Maries y su banda actual, Corazón Aqui No, destacando la importancia de crear espacios propios incluso cuando se es la única mujer en la alineación.

Desde otra generación, Emilia compartió un proceso más reciente, atravesado por el aprendizaje autodirigido, las redes sociales y la composición en su banda Aniadu. “Cuando me senté a tocar dije: esto es lo que quiero hacer”, recordó, señalando el momento de conexión con el instrumento y el descubrimiento de su capacidad creativa.

La trayectoria de Norma López ofreció una perspectiva histórica. Con más de 40 años como baterista, recordó las limitaciones de una época sin redes ni referentes: “Dependíamos del periódico o de ir a las escuelas de música”. Su paso por proyectos como Crisálida, Flor de Metal y actualmente Las Ñoras, así como su trabajo con figuras como Jaime López y Nina Galindo, da cuenta de una escena que se construyó “picando piedra”.

Uno de los ejes más contundentes fue la relación entre cuerpo e instrumento. Norma advirtió sobre el desgaste físico acumulado: “O mi cuerpo o la batería”, planteando la necesidad de replantear técnicas y hábitos. En la misma línea, se habló de lesiones, malas posturas y la importancia de calentar, así como de las condiciones materiales que atraviesan la práctica: cargar equipo en transporte público, optimizar sets y adaptarse a infraestructuras limitadas.

En el plano creativo, la batería fue definida desde múltiples dimensiones. “La batería es el corazón de la banda”, señaló Pantoja, mientras otras participantes coincidieron en que es el pulso que sostiene y articula el sonido colectivo. También se destacó su capacidad expresiva: el estado emocional de quien toca se traduce directamente en la ejecución, haciendo del instrumento una extensión del cuerpo.

El conversatorio también abordó las condiciones actuales de la escena. A pesar de una mayor visibilidad y del surgimiento de espacios como este festival, persisten desigualdades. Experiencias como llegar a pruebas de sonido donde se duda de sus capacidades o ser la única baterista en un cartel reflejan barreras que aún operan. Sin embargo, también se reconoció el momento actual como una coyuntura clave: “A lo mejor siempre ha habido muchas mujeres bateristas, solo no estaban en visibilidad”, se señaló.

Hacia el cierre, las recomendaciones apuntaron a la práctica constante y la autogestión: estudiar de manera individual, tomar la iniciativa para integrarse a proyectos y construir redes entre músicas. Más allá de las experiencias individuales, Mapeando el ritmo dejó ver una escena en movimiento, donde distintas generaciones se reconocen, dialogan y comienzan a tejer comunidad. En ese cruce, la batería deja de ser solo un instrumento para convertirse en un punto de articulación: un lugar desde donde sostener el ritmo, pero también desde donde disputar presencia.




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