Hay una pregunta que no me ha soltado en los últimos meses: ¿qué pasa cuando un medio o una cuenta de RRSS crece a partir del trabajo de otras?
La duda apareció con más fuerza al notar un patrón: cuentas en redes sociales que repostean contenido de músicas, periodistas y creadoras, agregan el crédito al final —cuando lo agregan— y acumulan interacción. No producen, no investigan, no construyen narrativa propia. A veces hacen en vivos. Pero, sobre todo, circulan lo que otras ya hicieron.
Cuando además esos espacios no moderan comentarios, la ecuación cambia: la visibilidad se convierte en exposición, en muchos casos, en violencia digital, consecuencia de dinámicas que varios espacios están normalizando en la búsqueda de la interacción.
Notamos que propician la conversación, pero muchas veces con base en el extractivismo:
- toman contenido ya producido,
- lo reapropian como parte de su flujo constante,
- capitalizan interacciones (seguidores, alcance, posicionamiento),
- sin redistribuir realmente el valor hacia quien lo creó.
Si eres periodista o creadora de contenido sabes que el tiempo dedicado a cada publicación implica mucho más que “subir algo”: hay horas de escucha, verificación, redacción, edición, dudas, decisiones éticas y un trabajo constante de afinación de la narrativa de tu espacio. Nada de eso es visible en el resultado final, pero todo está ahí. Por eso, cuando ese trabajo se convierte en material disponible para que otra cuenta lo administre dentro de su flujo —sin ese proceso detrás— lo que se pierde no es solo el crédito, sino la dimensión del trabajo mismo. La publicación deja de ser una pieza situada y se vuelve un insumo intercambiable. Y en esa transición, también se diluye la posibilidad de reconocer quién está sosteniendo, con tiempo y criterio, lo que otras cuentas simplemente ponen a circular.
El crédito al final no compensa el proceso. Menos aún cuando la audiencia se queda en la publicación en otra cuenta y no en el repost que migra hacia la fuente original. Y hay otra capa: muchas de las creadoras cuyos contenidos se repostean son mujeres o disidencias. Es decir, trabajos que ya enfrentan menor visibilidad estructural terminan alimentando plataformas que crecen más rápido que ellas mismas.
Acumular no es lo mismo que visibilizar
Las RRSS no premian la profundidad, premian la constancia. Publicar más, más rápido, más seguido. Estar siempre. No importa tanto qué se dice, sino cuánto se circula. En ese modelo la investigación, la redacción, edición y diseño deja de ser una pieza con contexto y se vuelve insumo. Es material disponible para alimentar la maquinita de contenidos, ahí es donde algunas cuentas encuentran una fórmula de publicación que no es neutra, porque en algún punto, esa visibilidad empieza a convertirse en capital.
No necesariamente de inmediato, no siempre de forma explícita, pero sí progresiva:
- crecimiento acelerado de audiencia,
- posibilidad de monetización,
- posicionamiento como “medio referente”,
- acceso a colaboraciones o patrocinios.
Y aquí aparece un punto poco discutido: cuando el crecimiento se construye sobre trabajo ajeno, la capitalización no se redistribuye. Quienes investigaron, escribieron, grabaron o documentaron, quedan en un segundo plano: su trabajo circula, pero su nombre no se posiciona en la misma proporción.
La acumulación de contenidos ajenos, en ese sentido, funciona como una forma de desplazamiento.

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