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Sonoridad: 70 de El Relojito



La historia del rock suele organizarse a partir de fechas oficiales, festivales convertidos en mito y relatos que se repiten hasta volverse verdad incuestionable. Ese orden no es inocente: deja fuera procesos, cuerpos y voces que no encajan en la narrativa dominante. En el caso del rock mexicano —y latinoamericano— ese borrado tiene un patrón claro. Las mujeres no aparecen como origen, sino como excepción tardía.

Pero para entender hacia dónde vamos, es indispensable saber desde dónde empezamos. La historia del rock mexicano comienza con una mujer y, hasta la fecha, a algunos les incomoda. Y no, el inicio de nuestra representación no es la encuerada de Avándaro (¿recuerdan esa amplia mesa en la exposición de Rock Mexicano en el Museo del Objeto?).

Gloria Ríos interpretó “El Relojito” junto al cuarteto de Mario Patrón en la película La locura del rock & roll, una cinta dirigida por Fernando Méndez y estrenada el 29 de marzo de 1957. Se trata de una de las primeras apariciones del rock & roll en el cine mexicano, cuando el género apenas comenzaba a circular en el país. Su valor es histórico, no por idealizar al rock, sino todo lo contrario.

En medio de ese discurso estaba Gloria Ríos. Para entonces, ya era una vedette reconocida, cercana a los 30 años, con una trayectoria sólida cantando con distintas orquestas. Su presencia en el cine, su voz en la radio y su cuerpo en escena llevaron el rock and roll a un público amplio. En la película interpreta “Alrededor del reloj” y “Tú y tu tía”, y meses después grabó para RCA Victor un acetato decisivo: de un lado, El Relojito, versión en español de “Rock Around the Clock”; del otro, “Hotel de los corazones rotos”, adaptación de “Heartbreak Hotel”. Con ese disco, Gloria Ríos se convirtió en la primera artista en grabar rock and roll en México.

Ese momento no fue aislado. Desde 1954, Ríos ya había cantado El Relojito en vivo por la XEW. En 1955 formó una de las primeras bandas de rock del país: Gloria Ríos y sus Estrellas del Ritmo. Fue ella quien buscó a los músicos, quien llevó el repertorio, quien impulsó la idea de crear un grupo de jazz y rock con identidad propia. No fue arrastrada por la novedad: fue agente activa de la ruptura.

Décadas después, esta historia sigue siendo marginal en los relatos oficiales. Justamente de esa omisión habla el cortometraje documental La música silenciada (2012), dirigido por Andrea Oliva Marcial. El filme aborda la ruptura que provocó el rock & roll en la sociedad mexicana entre 1956 y 1964, poniendo el foco en las mujeres que impulsaron ese quiebre y que, con el paso del tiempo, fueron relegadas de la historia. El documental acerca al espectador a estas protagonistas ignoradas y reivindica su papel en un momento fundacional que suele narrarse sin ellas.

Este patrón de invisibilización no es exclusivo de México. En los últimos años se han vuelto visibles otros inicios borrados en América Latina. Uno de los casos más comentados es el de Mery Mitchell, cantante argentina que hasta hace apenas unos años era prácticamente desconocida. Mitchell grabó Soy dinamita, un rock and roll de autoría propia, en 1964, años antes de la canción que tradicionalmente se señala como el origen del rock argentino.

Murió en 2017, en el anonimato. Solo después de su fallecimiento comenzó a circular su historia: además de Soy dinamita, interpretó versiones de canciones que dialogaban con el rock que se producía en México en 1963, como adaptaciones de She Loves You de The Beatles o La Bamba al estilo de Ritchie Valens, en una cadena de traducciones y apropiaciones que rara vez se reconoce. Aun así, las enciclopedias siguen marcando 1967 y La Balsa de Los Gatos como el punto cero del rock argentino. Bajo esos parámetros, la historia de las mujeres comienza, de manera tardía, hasta los años ochenta, con grupos como Los Twist o Viuda e Hijas de Roque Enroll.

No es casual. El rock se ordenó históricamente desde una lógica que privilegia ciertos cuerpos, ciertos momentos y ciertos discursos, mientras borra otros que incomodan el relato épico.

Por eso, muchas no coincidimos con la idea de que la historia del rock mexicano comienza en Avándaro. El 11 de septiembre se ha establecido como el Día del Rock Mexicano, en referencia al festival de 1971, e incluso en el Estado de México ya lo han declarado formalmente. Pero ese gesto institucional deja fuera décadas completas de experimentación, de mujeres creando, cantando y empujando el ritmo mucho antes de que el rock fuera aceptado como mito cultural.

En 2026 se cumplen 70 años de El Relojito. No es una celebración nostálgica. Es una oportunidad para reordenar la memoria, para señalar las omisiones y para reconocer que el rock en México —y en buena parte de América Latina— no nació donde nos dijeron.

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