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Presentan el libro "Yo soy la cumbia" en la Fonoteca Nacional: Un diálogo sobre la cumbia femenina y la resistencia


La Fonoteca Nacional fue el escenario de una de las múltiples presentaciones del libro "Yo soy la cumbia", un proyecto que abarca a todas las Américas y que cuenta con coeditores de diversas partes del continente. La presentación, que se extendió por tres espacios y dos presentaciones en vivo en la CDMX, destacó la cumbia no solo como un ritmo bailable, sino como un espacio de diálogo, concientización y resignificación, abriendo puertas para las mujeres cumbieras.


El libro, que forma parte de la colección La Media Vuelta de la editorial de la Universidad de Guadalajara, es el segundo de una serie dedicada a la cumbia. Carmina Naguatlato, de la editorial, explicó que la publicación de libros sobre música, especialmente la cumbia, se debe a que esta representa un patrimonio cultural compartido que atraviesa toda Latinoamérica y está recorriendo el mundo.


La cumbia como resistencia y acto político

Yohana Águila, musicoterapeuta infantil y fundadora de Rumbiamba, enfatizó que la cumbia "está abriendo un espacio de diálogo, de concientización, de resignificación. Nos está abriendo puertas a nosotras". Recordó que el ritmo nace de las marginalidades, la mezcla, la resistencia y la comunidad, dejando un legado enriquecedor para la escena actual.


Nayive Ananís, periodista y doctora en artes, autora del capítulo "Resistir a la hipersexualización, el renacer de la cumbia femenina en Chile", abordó la cosificación del cuerpo femenino en la cumbia chilena. Explicó que las mujeres cumbieras en Chile eran relegadas a usar vestimenta provocativa para ser contratadas. Sin embargo, múltiples figuras han transformado esta imposición en un acto político. Ananís citó a Paula Rivas: "De hecho, muchas veces llamaron para contratarme para eventos y lo primero que me preguntaban era si usaba falda. Me tocó rechazar dos o tres contrataciones que en ese momento me servían tiene mucho a nivel económico, pero no acepté".


Mon Soundtrack, socióloga y curadora musical, integrante de los colectivos Morras y Vinilos y DJ Señora, resaltó la importancia de documentar estas experiencias: "es importante tenerlo prescrito. Y además porque además esto puede dejarnos excluir a otras corporalidades, a otros cuerpos, a otras maneras de expresarnos eh mientras performanceamos".


Layla Sánchez Kuri, de Musas Sonideras, compartió cómo su colectivo revierte la sexualización a través de la uniformidad de sus playeras con logos y frases. Para ellas, lo más importante es el set musical y cómo hacer que la gente baile y se sienta feliz, creando "una pista de baile sin violencia hacia las mujeres".


Mayé Beltrán, coordinadora y productora, destacó la historia de Élfega Gómez, quien se convirtió en sonidera en la tercera edad, autodenominándose Sonido Butterfly y junto con la Dinastía Duende fueron el centro de su entrevista. Beltrán también mencionó su participación en el colectivo Apila! Mujeres, Tambores y Cantos, donde han aprendido la cumbia tradicional colombiana. Para ellas, el arreglo personal y el show visual son parte consciente y gozosa de su presentación.


La Negra MeXa, acordeonera y rapera afro-mexicana, enfatizó el cuerpo como un territorio político. Para ella, "combatir la hipersexualización es una propuesta de colonial para adquirir la libertad y la rebeldía sobre nuestras cuerpas". Subrayó la importancia de portar su afrodescendencia y encontrar su propio lenguaje musical, honrando las raíces pero hablando desde su propia esencia.




La cumbia como expresión de vida y duelo

Las participantes también abordaron cómo la cumbia puede ser una vía para expresar emociones complejas, incluso el duelo. La Negra MeXa compartió cómo escribió una cumbia para sanar la pérdida de su hermano: "Me parece que si no hubiera yo hecho esa cumbia, yo no hubiera logrado traspasar ese duelo".


Layla Sánchez Kuri, desde su rol en Musas Sonideras, destacó la importancia de usar el micrófono para hablar sobre las violencias y la desigualdad, especialmente para mujeres y niñas. Explicó que, ante canciones con letras misóginas, intervienen con saludos para "callar" esas frases.


La colectividad y la sororidad


La discusión también se centró en la importancia de la colectividad y la sororidad. Mon Soundtrack enfatizó que "sin una colectividad, todo se te cae. La red que te acompaña, la red que puede estar ahí likeando, dándole visibilidad a tu proyecto... eso es la mayor factura que puedes tener". Mientras que Maye Beltrán aconsejó a las mujeres en la música a prepararse profesionalmente y a presentarse con amabilidad y claridad, sin hacerse "chiquitas" ante ingenieros o productores.


La Negra MeXa instó a las mujeres a "romperse" y aprender, a estudiar y a pararse en el escenario honrando su arte. Reconoció que el camino de la música es de resistencia y lucha constante, pero que el instrumento y la música "te va a abrazar con todo lo que tiene para darte".


Sánchez Curi, al hablar de Musas Sonideras, que lleva 12 años de trabajo, afirmó: "existimos porque resistimos". Destacó que han integrado a 95 mujeres y que, aunque el público femenino fue inicialmente el más complicado, han logrado conquistar diversos públicos.


Con un título inspirado por la canción "Yo Me Llamo Cumbia" de Totó La Momposina, las participantes concluyeron que la cumbia es un acto de resistencia y una forma de expresión que une a las mujeres en un camino de lucha y celebración. Como dijo Yohana Águila: "yo soy la cumbia, nosotras somos la cumbia. Y todas y todos ustedes son la cumbia. No dejen que la cumbia nunca nunca nunca nunca se acabe".

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