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Cinco ediciones de canción feminista: cuando las preocupaciones cambian, también cambia la música



Más de 50 canciones llegaron a la quinta edición del Concurso de Canción Feminista de Casa del Lago UNAM. Las tres finalistas provinieron de distintos estados del país y llevaron al escenario tres preocupaciones y formas de hacer música.

El Concurso de Canción Feminista de Casa del Lago UNAM llegó a su quinta edición con más de 50 canciones recibidas y una particularidad: por primera vez, ninguna de las tres finalistas radica en Ciudad de México. Dalia Cortés, de Tepeji del Río de Ocampo, Hidalgo; Renee Goust, de Nogales, Sonora; e Ireri Almonte, de Morelia, Michoacán, llegaron a la final con canciones que hablan de apropiación política del feminismo, mandatos de género y memoria.

Para Georgina Hughes, directora de programación de Casa del Lago - UNAM, esta edición también permitió mirar hacia atrás y entender cómo se ha transformado el concurso.

La historia comenzó con un hallazgo en los archivos. Mientras se investigaba para la exposición En las calles y en la historia, los 40 años del movimiento feminista en México, el equipo encontró un cartel del Archivo de Ana Victoria Jiménez, que llamaba al primer Concurso de la Canción Feminista en los años ochenta. El proyecto se perdió con el tiempo y sigue siendo una incógnita, desconocemos quién ganó y qué sucedió con las canciones.

El hallazgo se convirtió en una propuesta para el programa público de Casa del Lago. La intención era que la exposición no terminara solamente en una charla o una conferencia, sino que el material encontrado pudiera activar una nueva experiencia. “Siempre en todas las exposiciones en Casa del Lago UNAM nos gusta hacer un programa público donde se haga alguna actividad que no sea nada más una charla o una conferencia, sino jugar con lo que tenemos. Y ahí fue donde dijimos, pues hagamos un primer concurso”.

La respuesta a aquella primera convocatoria fue mayor a lo esperado: llegaron más de 50 canciones. Pero fue la final en vivo la que terminó mostrando el alcance que podía tener el proyecto.

“Cuando hicimos ese primer final, vimos lo potente que era este proyecto, no nada más por recibir los archivos, sino ya en vivo cambia todo, ves a las chicas participando, ves al público y ahí es donde dijimos, esto tiene mucha fuerza, es superimportante y se tiene que seguir haciendo”.

Cinco ediciones después, la convocatoria continúa recibiendo más de 50 propuestas. Para Hughes, una de las cosas más interesantes ha sido observar que las preocupaciones feministas no permanecen estáticas.

“Lo que hemos visto a lo largo de los años también, y eso ha sido interesantísimo, es como las temáticas feministas, si bien sí llevan una línea, cada año van cambiando las preocupaciones”.

En las canciones han aparecido desapariciones, feminicidios, enfermedades de transmisión sexual, las formas de caminar juntas por la calle y las consignas feministas. Pero también ha cambiado la música desde la que se habla de estos temas.

“Y así hemos ido visto a lo largo de los años como esas temáticas van cambiando, las preocupaciones, también los géneros. Eso es muy lindo porque hay de todos los géneros, hip hop, reggae, salsa, cumbia y así hemos visto también cómo va avanzando todo”. 

La quinta edición sumó una nueva sonoridad al recorrido: el canto cardenche de Floreciendo en la memoria, de Ireri Almonte.

“Hoy hay sorpresas con nuevos géneros que llegaron también. [...] hay una de las canciones que es un género nuevo que no habíamos recibido, es un canto cardenche, y eso nos parece espectacular”.

La llegada de esta propuesta también marcó un cambio respecto de otras ediciones. Hughes señala que el hip hop ha tenido una presencia constante en el concurso, pero este año ninguna propuesta de ese género llegó a la final, destaca su ausencia porque muchas nos hemos acercado al rap por ser uno de los géneros predominantes en nuestro cancionero feminista, prácticamente cada 8M regresan a las listas de reproducción al menos 10 canciones de éste género.

“Por primera vez no llegan a la final ningún proyecto de hip hop, que eso también es interesante, porque el rap y el hip hop siempre ha estado muy presente, pero ahorita son otros géneros los que se presentan”. 

Tres canciones, tres formas de hablar desde el feminismo

La diversidad de esta edición no está solamente en los géneros. También aparece en aquello que cada compositora decidió poner en el centro.

Dalia Cortés, tercer lugar con Feminista 365, utiliza la canción para cuestionar el purple washing y el uso de los discursos feministas desde las campañas políticas:“Creo que es importante recordar que el feminismo es político, pero no es para fines políticos como luego lo llegan a ocupar”.

Renee Goust, segundo lugar con No me callo, parte de los mandatos que siguen definiendo lo que se espera de las mujeres: “Para mí es importante nombrar cosa por cosa, las cosas que me fueron educando que yo tenía que ser y que decidí no ser para hablar de otras alternativas que existen también para las mujeres en nuestras formas de ser, de vivir, de pensarnos en este mundo”. 

E Ireri Almonte, primer lugar con Floreciendo en la memoria, llevó a la final una composición construida desde las décimas, los nombres de mujeres y el canto cardenche. La pieza terminó encontrando tres voces femeninas y un coro, en un proceso que para la autora hizo que la canción pareciera encontrar su propio camino. 

Para Casa del Lago, conservar lo que sucede en estas convocatorias también forma parte del proyecto. Los archivos generados a lo largo de las ediciones se encuentran resguardados y existe la intención de hacerlos públicos en algún momento.“Los archivos los tenemos nosotros, están resguardados. Eventualmente nos encantaría poderlos hacer públicos de alguna manera para ya sea consulta, poder hacer algo con ellas además de que ese archivo se mantenga vivo”, explicó Georgina Hughes.

Ese archivo podría permitir algo más que conservar las canciones: comparar qué preocupaba a quienes escribían canciones feministas en distintos momentos y cómo esas preocupaciones se han desplazado.

Un concurso que sale de la Ciudad de México

Hay otro dato de esta edición que Hughes considera especialmente relevante. Las tres finalistas viven fuera de Ciudad de México. “Las tres finalistas [...] no son de la Ciudad de México, viven fuera. Eso también nos da muchísima emoción porque habla de lo que está sucediendo en el país, no solamente que esté todo centralizado”.

La descentralización no fue planteada como requisito, pero terminó siendo una característica de esta quinta edición. Las tres creadoras llegaron desde Hidalgo, Sonora y Michoacán.

Para Hughes, el sentido del concurso también está relacionado con colocar en el centro las experiencias y preocupaciones que atraviesan a las mujeres. Y esa continuidad es, para ella, una manera de mantener abierta una conversación que no termina con cada final. “Es una manera de mantener vivo ese movimiento y de mantener vivo las luchas que tenemos año con año”, comentó en entrevista Georgina Hughes.

Después de cinco ediciones, el concurso deja entonces algo más que una lista de canciones ganadoras. Hay un archivo en construcción, una red entre creadoras y un registro de cómo se modifican las preguntas que las mujeres llevan a la música. Quizá una de las cosas más interesantes sea precisamente esa: que la canción feminista no tiene una forma fija. Cambian las preocupaciones, cambian los géneros, cambian los territorios y cambian las voces. El concurso permite escuchar esas transformaciones mientras están ocurriendo.

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