Ir al contenido principal

Reporte Rock al Parque Día 1 - La brecha de género en el periodismo de rock


¿Quién cuenta la historia del rock? Una conversación sobre periodismo, género y memoria. 

Albina Cabrera, Jimena Gónik, Karina Cabrera y Patricia Godes conversaron sobre las formas en que el periodismo musical ha construido la historia del rock y sobre las ausencias que persisten cuando se mira esa historia desde una perspectiva de género. La conversación fue moderada por Daniela Cura, como parte de las actividades por los 30 años de Rock al Parque.

Hablar de mujeres en la historia del rock no consiste únicamente en sumar nombres a una lista. También implica revisar quiénes han contado esa historia, qué criterios utilizaron para hacerlo y qué voces quedaron fuera del relato.

Esa fue una de las ideas que atravesó el conversatorio Periodismo de rock y género, realizado en el Auditorio Principal de la Biblioteca Virgilio Barco, en Bogotá. La mesa reunió a periodistas e investigadoras de México, España y Argentina, con experiencias distintas pero preocupaciones compartidas. 

Patricia Godes abrió la conversación con un recorrido histórico por la relación entre música popular, crítica musical y género. Explicó cómo buena parte de la música popular transmitida en ámbitos domésticos quedó fuera de los registros que posteriormente construyeron la historia de la música, mientras que la música académica y sus grandes figuras fueron objeto de una documentación mucho más sistemática. 

Con la llegada de la radio, el sonido grabado y las publicaciones especializadas, algunas voces femeninas comenzaron a conservarse en los registros. Pero, según Godes, la crítica musical del siglo XX fue incorporando valores asociados al poder, el virtuosismo, el volumen, la velocidad, el dinero y la posesión de objetos, elementos que terminaron formando parte de una determinada idea de autoridad musical. 

La consecuencia fue también una forma particular de narrar. Las mujeres podían estar sobre el escenario, producir, componer, tocar o trabajar detrás de una grabación, pero con frecuencia la historia terminaba contando a los hombres que estaban alrededor de ellas. Godes cuestionó precisamente esa forma de construir las genealogías musicales y recordó que muchas creadoras y trabajadoras de la industria han quedado subordinadas a los nombres masculinos con los que colaboraron. 

Jimena Gónik llevó esa discusión a su experiencia como periodista musical en Argentina. Habló de la necesidad de dejar de asumir que las desigualdades ya fueron resueltas y compartió situaciones recientes que muestran cómo las mujeres continúan enfrentando cuestionamientos sobre su conocimiento y legitimidad dentro del periodismo y la música. 

También cuestionó la idea de que para hablar de una mujer en el rock haya que convertirla en una categoría aparte. Si las mujeres participaron de la historia del rock, forman parte de la historia del rock, no de un capítulo separado que requiera siempre un adjetivo para reconocerlas. Esa separación, señaló, termina reproduciendo la idea de que el rock tiene un centro masculino y que las mujeres necesitan una categoría propia para entrar en él. 

Albina Cabrera puso el foco en el presente y en las decisiones que toman quienes trabajan con música, programación y documentación. Desde su experiencia, cuestionó la idea de que hablar de género consiste simplemente en reunir nombres de mujeres y colocarlos en un listado. Para ella, la perspectiva de género requiere analizar qué ha aportado cada una, en qué contexto desarrolló su trabajo y qué condiciones hicieron posible o limitaron su trayectoria. 

La conversación también abordó las desigualdades que aparecen cuando se incorporan otras dimensiones, como la raza y las condiciones económicas. Cabrera explicó que incluso al buscar una mayor presencia de mujeres en espacios internacionales persisten barreras para artistas negras, indígenas y racializadas, relacionadas con los costos de viajar, obtener visas y sostener una circulación internacional. 

Karina Cabrera trasladó la conversación al terreno de la documentación y el periodismo musical. Recordó que durante años fue la única mujer en algunos de los medios donde trabajó y que llegó a escuchar que ya se había publicado “sobre una mujer”, como si una presencia agotara la posibilidad de hablar de otras.

Mientras tanto, señaló, siempre había espacio para seguir contando las historias de los hombres. 

Desde esa experiencia planteó una idea central: las mujeres no parten del mismo lugar. Por eso, hablar de perspectiva de género no significa aplicar una fórmula para hacer textos “más amables”, sino reconocer las condiciones históricas desde las que se produce la información. Cabrera habló de herramientas como la genealogía feminista, la perspectiva interseccional y el feminismo de datos para analizar esas diferencias. 

También cuestionó una práctica frecuente en el periodismo: construir la trayectoria de una artista a partir de los hombres que la rodearon. Productores, parejas, colegas o figuras de la industria terminan ocupando buena parte del relato, mientras la propia obra de la mujer queda subordinada. 

La discusión sobre quién documenta llevó también al extractivismo. Las participantes cuestionaron la llegada de investigadores o periodistas que comienzan a interesarse por las historias de mujeres después de que otras periodistas, investigadoras y colectivas han trabajado durante años en su documentación. La pregunta, planteada durante la conversación, fue qué implica acercarse a esas historias sin haber contribuido previamente a construir o sostener esos procesos. 

La inteligencia artificial apareció como otra preocupación para la memoria musical. Godes compartió un ejemplo en el que una herramienta negó la existencia de una guitarrista afroamericana cuya trayectoria sí cuenta con discos y registros disponibles. El episodio sirvió para advertir sobre un problema que puede amplificarse con estas tecnologías: si las fuentes de las que se alimentan ya tienen ausencias, esas ausencias pueden convertirse en respuestas aparentemente objetivas. 

El cierre dejó una pregunta especialmente pertinente en el marco de los 30 años de Rock al Parque: ¿qué estamos documentando hoy y qué historia quedará disponible mañana?

Y, sobre todo, reconocer que las mujeres no están entrando ahora a la historia del rock: llevan décadas formando parte de ella, aunque se niegue la exclusión. Lo que sigue pendiente es que esa presencia deje de ser una excepción dentro del relato.

Comentarios

© 2020 SonoridadMX

Designed by Open Themes & Nahuatl.mx.