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Reporte Rock al Parque - 30 años: La otra escena lejos de la tarima del festival



Cuarta entrega del reporte especial de SonoridadMX desde Rock al Parque 2026

La entrevista con Ana Cubides fue la primera que realicé en Bogotá durante el Foro Internacional de Periodismo Rock, en el marco de Rock al Parque. Nuestra relación había sido, hasta entonces, principalmente virtual. Ella me había entrevistado algunos años atrás; esta vez nos tocó cambiar de lugar: ahora era mi turno de hacerle preguntas a ella y hacerlo en 3D, no desde un intercambio de correos o una pantalla, sino frente a frente, para hablar de sus prácticas como investigadora y periodista, de las escenas que ha seguido durante décadas y de los proyectos que ha construido alrededor del rock y el metal extremo en Colombia.

Aprovechamos el pequeño instante que se nos dio, aunque nos mandábamos mensajes, nunca logramos coincidir en el festival. Llegué a esta conversación con una pregunta que ya se ha repetido en mi trabajo. En dos ocasiones, personas que son parte del ecosistema musical colombiano afirmaron que no conocían o que no había muchas, lo que dificultaba la programación de un festival o la cobertura desde un medio especializado, una frase que se repite en todos los territorios. Así empezó el Mapa de Músicas Mexicanas, con las evidencias de existencia.

La respuesta podría haber sido suficiente si mi trabajo consistiera en contar únicamente a quienes aparecen frente a mí. Pero la práctica de investigación me ha enseñado a hacer otra pregunta: si no las veo aquí, no puedo asumir que no existen. Tengo que preguntarme dónde están y por qué no son visibles. Ana Cubides es precisamente una de esas respuestas, porque antes de los censos institucionales, es probable que nosotras ya hayamos mapeado.

Su nombre apareció asociado a distintas prácticas: música, periodismo, investigación, festivales, publicaciones, sellos y documentación de escenas. No se trata de una sola trayectoria ni de una actividad que pueda acomodarse fácilmente bajo una etiqueta, “Durante muchos años he estado haciendo diferentes roles dentro del rock”, explica.

En los últimos doce años, su eje ha sido el doom. Actualmente trabaja en el disco debut de Cimientos, un proyecto dúo orientado hacia el sludge, mientras su banda principal, 三 (Tres), prepara un compilatorio de sus primeros discos y sencillos. También participa como vocalista y corista en proyectos de black metal, pero la música es solamente una parte de lo que ha hecho.


Foto Aryphzine


Preguntar dónde están

Cubides comenzó su trabajo periodístico e investigativo en 1996, durante la segunda edición de Rock al Parque. En esos años participaba en bandas de death metal y grindcore y, paralelamente, comenzó a construir una colección de grupos de rock, punk, grunge y posteriormente metal, pero según me comentó en 2026 fue la primera vez que asistió con acreditación de prensa. 

La búsqueda también pasaba por encontrar información. A finales de los noventa, cuando internet comenzaba a llegar a Colombia, encontró allí el trabajo que se realizaba desde México alrededor de las bandas de mujeres, así nos conocimos. Para entonces, la documentación de mujeres dentro del rock ya formaba parte de sus propias prácticas. No eran necesariamente las mismas escenas, ni los mismos géneros, ni las mismas condiciones de circulación. Pero había una coincidencia: cuando una escena parecía no tener mujeres, había que buscar en otros lugares.

Ese es uno de los problemas que encuentro recurrentemente al hacer investigación sobre música: confundir lo que no vemos con lo que no existe. Las fuentes también tienen sesgos. Los carteles de los festivales tienen sesgos. Los medios tienen sesgos. Los algoritmos tienen sesgos. Las propias escenas producen sus mecanismos de visibilidad. Por eso, una pregunta tan sencilla como “¿dónde están?” puede modificar completamente una investigación.

También había estado buscando

En su caso, esa búsqueda tomó distintas formas. Durante la primera década de los dos mil organizó Mujeres en Música Extrema, un festival que durante cinco años reunió propuestas de distintos géneros y subgéneros: metal, grindcore, punk, electrónica, hard techno y otros estilos. También tuvo un directorio y un blog, No iluminadas, que terminó en 2015. Con el tiempo, sus proyectos alrededor de las mujeres dejaron de ocupar el centro de su actividad.

“Mis proyectos en el campo de las mujeres dentro del rock, mujeres liderando bandas, mujeres liderando proyectos, de festivales, mujeres liderando proyectos editoriales dentro de las mujeres, lo he dejado, realmente lo he dejado un poco atrás”, reconoce.

La conversación en el Foro de Periodismo Rock le hizo volver sobre ese recorrido. Durante el encuentro escuchó hablar sobre inclusión, perspectiva de género y feminismo en las artes. También apareció una palabra que le resultó significativa: oportunismo. “Hay muchas personas que en los últimos años o en la última década están tomando la perspectiva de género o el feminismo dentro de las artes como un tema relevante”.

Su posición tiene un matiz importante: no habla desde alguien que acaba de incorporar esas preguntas a su trabajo. “A mí me pasa lo contrario”, dice. “Yo empecé en el año 96, casi a la par con estas prácticas del periodismo musical y lo empecé con lo de las chicas”. La fecha aparece como una referencia concreta, como una práctica que antecede a los lenguajes actuales de las instituciones culturales.




El archivo que no está en los carteles

La conversación con Ana Cubides también me llevó hacia otra parte de la investigación: aquello que sucede alrededor de las bandas y que pocas veces aparece cuando intentamos describir una escena. La música y periodista lo enumera de manera muy concreta: hacer fanzines, escribir reportajes, reseñar discos, estar en los procesos de las salas de ensayo. “Hay un montón de trabajo extramusical que no lo podemos hacer unas pocas”.

Ese trabajo también produce información. Una reseña puede ser la única referencia contemporánea a un disco. Un fanzine puede registrar una banda que nunca apareció en un medio comercial. Un flyer puede confirmar que un concierto ocurrió. Una persona que organizó un festival puede recordar quiénes participaron. Una revista puede reunir una escena que estaba dispersa. En el caso de Cubides, esas prácticas se han cruzado con su propia actividad musical.

Actualmente coordina y dirige Doom Metal Magazine: A Guide of Colombian Doom, que prepara su cuarto número y el compilado número ocho. Es un proyecto realizado por tres sellos, dos locales y uno suizo. “Estamos muy enfocados en todo el mundo del Doom a nivel Colombia, donde también hay muchísimas participaciones directas e indirectas dentro de lo musical y lo extramusical de chicas”.

La frase vuelve a abrir la pregunta inicial. Si las mujeres no aparecen en determinado recuento del metal extremo, quizá haya que revisar qué estamos contando.


 


No solamente quién toca

En su recorrido, Cubides ha pasado por distintos lugares dentro de una misma escena: ha sido música, periodista, investigadora, organizadora, editora y gestora. Cuando habla de las mujeres jóvenes, no se refiere únicamente a que ocupen un instrumento.“Trabajamos con mujeres, líderes de bandas, líderes en la composición, en las letras, pero no solo en eso, sino en la profundidad que tienen las mujeres, en despertar entusiasmo, curiosidad e interés en las chicas más jóvenes”.

Su trabajo actual con el festival Quema de Brujas, desde 2023, continúa esa preocupación. Pero quizá lo más interesante de la conversación es que no propone reducir la participación a una categoría. Las mujeres pueden estar tocando, escribiendo, organizando, editando, investigando, produciendo o documentando. Y si solamente buscamos una de esas formas de participación, el resto queda fuera de nuestro campo de visión.

De México a Colombia y de vuelta

Hay algo más en esta conversación que me interesa especialmente.

Ana Cuibides y yo nos conocimos por internet hace más de dos décadas. Ella recuerda mi trabajo con las bandas de mujeres y los espacios desde los que se documentaba esa escena en México. Ahora nos encontramos físicamente en Bogotá para hablar de su propia trayectoria. “Tenemos que fortalecer esas redes que tenemos”, me dice. No se trata de construir una historia única de las mujeres en el rock latinoamericano. Las escenas tienen sus propios tiempos, lenguajes y formas de organización, pero sí podemos compartir preguntas.

Una de ellas es precisamente ésta: ¿dónde están las mujeres que todavía no vemos?

Otra podría ser: ¿qué prácticas estamos dejando fuera cuando decidimos qué cuenta como escena?

Cubides menciona a quienes hacen fanzines, escriben reportajes, reseñan discos, participan en salas de ensayo y desarrollan proyectos alrededor de la música. Su comentario final apunta hacia ahí: “Yo invito a todas las chicas en América Latina, especialmente a nivel regional, que tomemos liderazgo de los varios proyectos en los cuales nosotras y también las partes de las disidencias nos juntemos y elaboremos y trabajemos juntas”.

Después de años de entrevistas, mapas, archivos, flyers, discos y búsquedas, sigo pensando que una de las mejores herramientas para investigar una escena es no dar por terminada la búsqueda cuando alguien responde: “no hay muchas”. A veces esa frase no describe una ausencia, describe que todavía no hemos encontrado dónde mirar.

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