codeX, el proyecto que integran Gabriela Maravilla y Saúl Castillo, plantea un diálogo entre música y visuales en clave experimental. Su trabajo se construye a partir de la improvisación, la creación en tiempo real y la programación de imágenes generativas. Aunque el proyecto formalizó su nombre recientemente, su origen se remonta a sesiones informales durante la pandemia.
“El proyecto codeX inició como una improvisación en un estudio durante la pandemia. Inicialmente, era solo una sesión improvisada, pero luego decidimos darle un nombre —codeX— y buscar lugares para presentarnos”, explican. A partir de ahí, el proyecto tomó forma como un espacio de creación compartida.
La construcción de su EP debut —homónimo, de seis piezas— fue un proceso autogestivo. Se grabó en el estudio casero de Castillo y nació de sesiones que partieron de la improvisación libre. “El proceso de creación de las canciones del EP involucró varias improvisaciones en el estudio, algunas de las cuales se estructuraron posteriormente. Algunas piezas fueron descartadas, mientras que otras fueron pulidas.” La selección final se organizó buscando una curva de energía: “La selección de las canciones para el EP se basó en la energía de las piezas, buscando una estructura que comenzara de forma atmosférica, se intensificara y luego se calmara.” El trabajo incluye instrumentos como sonajas y percusiones, que acentúan lo manual dentro del proceso digital.
La pieza “Kntky” destaca por su origen particular: “La canción surgió de una idea que Castillo envió a Maravilla por WhatsApp.” La referencia al foro Kntky, ubicado en el centro de la Ciudad de México, subraya el vínculo del proyecto con espacios independientes que han sostenido estas prácticas, pero también revela la fragilidad de estos circuitos. El cierre abrupto de Kntky marcó un quiebre, no solo logístico sino simbólico, para proyectos como codeX que ven en estos foros un punto de conexión con públicos fuera de la lógica institucional.
La propuesta en vivo de codeX no separa imagen de sonido: ambos lenguajes se desarrollan simultáneamente, con espacio para el error, la variación y lo contingente. “Aunque las canciones tienen una estructura, seguimos improvisando en vivo.” Castillo trabaja con el software Hydra, programando visuales con código que reacciona y se transforma en tiempo real. “Es un proceso que también considero experimental”, señala.
Maravilla y Castillo tienen trayectorias previas en la creación independiente. Ella, compositora y filósofa, ha desarrollado obra en el campo de la improvisación libre, la multimedia y la docencia. Él, ingeniero de formación, ha estudiado composición, piano y arte generativo. Ambos comparten una apuesta por lo autogestivo como principio y forma de trabajo.
Después del lanzamiento del EP, codeX continúa componiendo y organizando su archivo audiovisual. Siguen presentándose en vivo cuando los espacios lo permiten, aunque enfrentan las condiciones precarias de una escena donde los foros autogestivos se cierran, se saturan o dependen de voluntades frágiles. Aun así, el proyecto insiste en generar desde la escucha, el ritmo compartido y el cruce entre lenguajes.
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