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Sonoridad: Pluri-sonoridades, activar el archivo de forma colectiva


El 17 de abril se inauguró la exposición Pluri-Sonoridades: Resonancias desde una escucha relacional, que plantea la observación del proceso y un análisis de la pregunta “¿dónde están las mujeres?”, que muchas realizamos cuando iniciamos proyectos. La muestra se presenta en el Museo Ex Teresa Arte Actual como parte del ciclo Dilemas, amores y dramas. Activaciones del Acervo Artístico Documental de Ex Teresa, desde los afectos.

“¿Dónde están las mujeres?” no es una pregunta retórica. Es una herramienta de trabajo. Aparece al revisar créditos, al rastrear programas, al observar las ausencias y nombrar las presencias, eso se va afinando con el tiempo. Esa pregunta abre otra capa: no solo dónde están, sino cómo aparecen —si aparecen— y bajo qué condiciones. Las genealogías feministas no se construyen únicamente encontrando nombres, sino entendiendo las tramas que hicieron posible —o imposible— su participación. Qué circuitos habitaron, qué lenguajes desarrollaron, qué vínculos sostuvieron fuera de los registros oficiales.

Por eso, el trabajo con el acervo no se limitó a revisarlo. Implicó cuestionarlo. Los antecedentes de Pluri-Sonoridades —el panel Sono-(soro)ridades en 2020 y la residencia Pluri-Sonoridades Acervo Ex Teresa entre 2023 y 2024— ya apuntaban hacia esa dirección: pensar el archivo como un espacio en disputa, donde la escucha también es una forma de investigación. 

La integración de las curadoras respondió a esa necesidad de complejidad. Trabajar desde múltiples visiones permitió leer el archivo de manera no homogénea, asumir que cada trayectoria abre preguntas distintas. En lugar de cerrar interpretaciones, el proceso sostuvo la fricción: distintas formas de escuchar, de nombrar, de relacionarse con el pasado y a través de un programa público que permite generar nuevos archivos.

Ahí es donde el acervo adquiere otro sentido. Deja de ser un repositorio para convertirse en un espacio vivo que se reescribe en colectivo. La participación de más de 40 mujeres y disidencias amplía la representación y modifica la estructura misma del archivo. Lo desplaza de una lógica acumulativa a una relacional entre prácticas y propuestas, donde cada aporte dialoga con otros, donde las piezas no están aisladas sino en conversación.

Para las genealogías feministas, esto implica algo concreto: la posibilidad de trazar continuidades donde antes solo había fragmentos. Reconocer que las prácticas no surgieron de manera individual ni aislada, sino en redes, en intercambios, en espacios que muchas veces no fueron documentados. El nuevo acervo no llena vacíos, los vuelve visibles y, al hacerlo, permite realizar otros enlaces hacia el pasado.

Los cuatro ejes curatoriales —Feminismos Sonoros; Constelaciones sonoras; Archivo vivo; y Escuchas Corporeizadas— funcionan como rutas para activar esas genealogías. No organizan una narrativa única, abren múltiples entradas. A través de talleres, radio, sesiones de escucha y conciertos, el archivo se desplaza hacia el presente, se pone en uso, se vuelve experiencia.

En ese sentido el programa público, de talleres, conciertos y diálogos no son un complemento. Son parte del mismo gesto: expandir el arte sonoro hacia otras formas de escucha, donde el cuerpo, el espacio y la colectividad intervienen en la construcción de memoria. 

Volver a la pregunta inicial después de este proceso implica asumir que no tiene una sola respuesta. “¿Dónde están las mujeres?” se transforma en una práctica constante: buscar, escuchar, relacionar, reescribir. Este acervo no cierra la pregunta, la mantiene en movimiento.

Y en ese movimiento, las genealogías se vuelven feministas, dejan de ser una línea que conecta puntos fijos. Se vuelven una red en expansión, hecha de resonancias, de encuentros, de archivos que, por fin, empiezan a escucharse de otra manera.

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