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Mapa de Raperas Mexicanas: una genealogía en movimiento


La historia del rap hecho por mujeres en México no sigue una sola ruta ni comienza en una sola ciudad. Se desarrolló de manera simultánea en distintos territorios, muchas veces con pocos registros y dentro de escenas donde ellas eran minoría. Esta línea de tiempo reúne nombres, grupos, grabaciones, discos, colectivas, crews, sellos y espacios para reconocer esas trayectorias y las conexiones entre distintas generaciones.

El Mapa de Raperas Mexicanas es un mapeo colaborativo. Sus datos provienen principalmente de los registros recibidos a través de su convocatoria, que incluye preguntas sobre la pertenencia de las participantes a crews, colectivas y sellos. Esta información permite observar no solo recorridos individuales, sino las redes que han sostenido la circulación, la colaboración y la organización de las raperas en el país.

Al registro se han sumado datos sobre crews que ya no existen y otras acciones que contribuyeron a dar forma a la escena actual. Algunas agrupaciones tuvieron una duración breve o dejaron pocos rastros documentales, pero fueron puntos de encuentro, aprendizaje y producción. Incorporarlas permite reconocer los procesos colectivos que precedieron a las estructuras y comunidades que hoy conocemos.

Checa la convocatoria para el Mapa de Raperas Mexicanas

Entre 1995 y 2003, las pioneras comenzaron a integrarse a los crews más conocidos y formaron los primeros grupos femeninos. En esos años aparecieron maquetas y grabaciones realizadas con recursos limitados: primeras huellas de una escena que todavía no alcanzaba a nombrarse a sí misma. Esta etapa corresponde a la Era I: Llegar a una cultura.

De 2001 a 2006, una segunda generación tuvo acceso a Internet, servicios peer-to-peer y nuevas formas de conocer música producida dentro y fuera del país. Las grabaciones comenzaron a circular con mayor alcance y aparecieron los primeros discos de raperas mexicanas. Fue la Era II: Abrir camino, un periodo en el que dejar registro también significó hacer visible una presencia que ya existía.

Entre 2006 y 2013, las herramientas digitales modificaron la distribución y la difusión. La tercera generación encontró otras posibilidades para publicar música, establecer redes y entrar en contacto con quienes habían comenzado antes. En este cruce surgieron las primeras colectivas y una conexión intergeneracional entre pioneras, segunda y tercera generación. Es la Era III: Hacer comunidad.

De 2013 a 2019, los círculos de rap se convirtieron en espacios de encuentro, formación y colaboración. Al mismo tiempo, la incidencia del movimiento feminista abrió discusiones sobre las violencias dentro de la escena, la ocupación de los espacios y la necesidad de crear redes propias. Es la Era IV: Tomar la palabra.

Entre 2019 y 2024 apareció una quinta generación formada, en buena medida, dentro de esos círculos y redes. Muchas de sus integrantes se nombraron abiertamente desde los feminismos e incorporaron sus demandas a las letras, la organización y las maneras de relacionarse dentro del hip-hop. Esta Era V: Nombrarse desde el feminismo no representa una ruptura con las anteriores: parte de caminos, registros y comunidades desarrollados durante casi tres décadas.

Las fechas se superponen porque las generaciones tampoco se sustituyen unas a otras. Pioneras y raperas más jóvenes continúan coincidiendo, colaborando y transmitiendo experiencias. Por ello, esta no pretende ser una cronología cerrada ni definitiva. Es una genealogía colaborativa que se construye casi en tiempo real: crece con cada nuevo registro, con la recuperación de archivos dispersos y con las memorias de quienes han formado parte de la escena.



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