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Sonoridad: A plena vista, todavía fuera de cuadro



El pasado 18 de marzo presenté en el Encuentro Internacional de Hip-Hop 2026 una ponencia dentro de la mesa “Más allá de la investigación hiphoppa”. Partí de mi artículo “A plena vista: pioneras del rap mexicano” incluído en el libro Heterodoxias, que no busca inaugurar una historia, sino evidenciar una omisión: las mujeres siempre estuvieron ahí, pero no siempre fueron registradas. 

Durante años, la investigación sobre hip-hop ha logrado mapear escenas, consolidar nombres y fijar ciertos momentos como fundacionales. Sin embargo, al revisar esos relatos, aparece una constante: las mujeres suelen ocupar los márgenes, incluso cuando participaron activamente en crews, grabaciones o circuitos en vivo. No es que no existieran, es que no fueron consideradas parte central del relato. Ese desplazamiento no es accidental; responde a formas específicas de investigar la música popular, donde el archivo privilegia el producto final (discos y sencillos) y las trayectorias visibles.

En ese sentido, el trabajo sobre pioneras no consiste únicamente en nombrarlas, sino en reconstruir las condiciones en las que desarrollaron sus prácticas. Muchas escribían, improvisaban o participaban en espacios donde eran minoría, sin acceso a grabaciones formales o a mecanismos de difusión. Su historia no desapareció: quedó dispersa en memorias, en cintas caseras, en menciones cruzadas. Ahí es donde la investigación cambia de forma y se vuelve también un ejercicio de escucha.

Hablar de generaciones permite entender que el rap hecho por mujeres en México no surge de forma espontánea en los últimos años. Existe una continuidad, aunque fragmentada, donde cada generación hereda, resignifica o incluso redescubre a las anteriores. Lo que hoy reconocemos como una escena con mayor visibilidad se sostiene sobre trayectorias que durante mucho tiempo permanecieron fuera de foco y se les silenció cada vez que quisieron nombrarse, acusándolas de dividir a la cultura.

Ir más allá de la investigación hiphoppa implica entonces desplazar la mirada: dejar de buscar únicamente lo que ya está documentado y comenzar a trabajar con lo que persiste en la memoria. No para completar una historia, sino para cuestionar cómo fue construida.

Porque si algo queda claro al escuchar a las propias raperas es que la historia no empieza cuando alguien la registra. Empieza mucho antes. Y sigue, todavía, tratando de entrar en cuadro.

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