Con cuatro discos publicados en apenas tres años y un quinto en camino, Marianela se ha convertido en uno de los proyectos más inquietos de la escena independiente registrada en el Mapa de Músicas Mexicanas. Detrás está Victoria Magdalena Escobedo, compositora y cantante que ha convertido la hiperactividad creativa, la nostalgia y la vida cotidiana en canciones que documentan el tránsito hacia la adultez.
En conversación con SonoridadMX, la artista habla sobre los inicios de Marianela en la intimidad de su habitación, el aprendizaje que implica profesionalizar un proyecto musical y la construcción de CDMX, su cuarto álbum de larga duración, un retrato sonoro de la ciudad desde la experiencia de quienes la habitan lejos de las postales turísticas.
Del cuarto a la escena independiente
Marianela nació en un momento de introspección, poco después de la pandemia. La cantante había acumulado canciones, emociones y la necesidad de encontrar una forma de compartirlas. "Yo creo que inició conmigo en el 2023. En la pospandemia había escrito muchas canciones y tenía muchas emociones guardadas. Nunca he sido una persona muy sociable y me costó un poquito salir al mundo, pero sí comencé yo en mi cuarto".Aunque el proyecto comenzó en solitario, pronto se convirtió en un esfuerzo colectivo. Su primer disco, 23, surgió en medio de una transición personal: dejar atrás la juventud para enfrentarse a las incertidumbres de la vida adulta. "Estaba experimentando esa transición de la juventud despreocupada a la adultez sobreestimulante que te tiene todo el tiempo al filo de la vida. Fue una despedida para lo que sentía que tenía que hacer y el comienzo de lo que realmente quería hacer con mi vida. Yo defino 23 como un coming of age".
Una compositora compulsiva
En una industria que privilegia los sencillos y los lanzamientos breves, Marianela ha apostado por los álbumes de larga duración. "En el trayecto de 2023 a 2025, creo que escribí alrededor de 70 canciones, ya considerando el álbum que va a salir hasta enero del próximo año", explica la vocalista, quien tiene un proceso creativo ligado a la observación y al movimiento por la ciudad. "Cuando siento que necesito escribir no me llevo audífonos, porque si escucho música en la calle se me van las ideas. Entonces saco el teléfono, me pongo a grabar y empiezan a surgir cosas. Mi teléfono es mi herramienta principal".El crecimiento de Marianela también ha significado aprender sobre producción, mezcla y registro de obra. Al principio, grababa "como Dios le daba a entender". Hoy, después de varios discos y de trabajar junto a su banda, reconoce que su forma de escribir ha cambiado. La profesionalización también la llevó a ordenar sus archivos, después de que perdió varios masters almacenados en una cuenta compartida en la nube virtual, y a comenzar los trámites de registro de su obra.
"A veces me da nostalgia de cómo se sentía escribir canciones con ese espíritu más juvenil. Siento que ahora ya no suenan con esa efervescencia de la juventud, sino con la melancolía adulta. Extraño un poco esa alegría".
Su cuarto disco es un homenaje a la Ciudad de México, pero lejos de las narrativas romantizadas o de las postales turísticas. En Miedo, Tristeza y Júbilo Viajan a Ciudad de México, la ciudad se convierte en un personaje que acompaña, confronta y transforma a quienes la habitan. Cada canción está anclada a un espacio específico y funciona como un mapa emocional de la adultez joven: los trayectos en transporte público, los recuerdos familiares, las madrugadas después de una fiesta y las preguntas que aparecen en medio de los días grises.
"Mole con conejo en Milpa Alta" evoca los viajes dominicales a San Pedro Atocpan para comer mole, mientras que "Sueño de una mañana dominicana en la Alameda Central" nació después de salir de una rave, desayunar en el Sanborns de los Azulejos y decidir faltar al trabajo para grabar sonidos en el Centro Histórico.
El álbum encuentra su pulso más honesto en esos instantes cotidianos que parecen insignificantes, pero que terminan definiendo una generación: la incertidumbre de crecer, los pequeños duelos de la vida adulta y la sensación de que la felicidad quizá no sea un destino, sino un momento fugaz entre el caos de la ciudad.
No todas las canciones llegaron al corte final
"Hay tres que no lo lograron. Una era para El Capitán Gallo, otra para Tlatelolco y la que más me dolió fue la de Iztapalapa. Estaba pensada como una cumbia para Santa Cruz Meyehualco, de donde es mi mamá y mi abuela, pero la dejé morir.. La Ciudad de México puede ser muy dura, pero también es el lugar donde he vivido las cosas más importantes de mi vida. Por eso sentía que le debía un disco."El disco se observa y escucha desde los traslados, moverse desde Coatepec escuchar música en la cabeza en los tiempos muertos del tráfico y los transbordos, donde moverse es algo relativo al caos citadino. Más que un disco sobre la Ciudad de México, Miedo, Tristeza y Júbilo Viajan a Ciudad de México es una carta de amor a sus contradicciones: a su belleza, su desorden y la extraña capacidad que tiene de hacer que cualquiera encuentre una parte de sí en alguno de sus paisajes: "Me gustaría que la gente escuchara estas canciones y encontrara algo suyo en ellas. Que recordaran un lugar, un trayecto o un momento específico de sus vidas."

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