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Sonoridad: Las mismas, las otras y las under, ocupar cinco de diez


En México, tres estaciones de radio celebran sus aniversarios con eventos musicales que muestran formas muy distintas de relacionarse con las escenas locales. Psyched! Radio San Francisco presenta un cartel ampliamente representativo; Reactor 105.7, uno completamente masculino; mientras que La Bestia Radio cuenta con un cartel curado y otro conformado mediante una competencia de likes en Instagram.

Ya estaba por analizar estos carteles cuando recordé que, dentro del Estudio de brecha de género en festivales mexicanos, establecí como parámetro no incluir los eventos organizados por estaciones de radio. Sin embargo, podría reconsiderarlo para la edición de 2027: estos encuentros también son espacios donde se forman públicos, circulan las bandas locales y se decide qué proyectos reciben difusión, legitimidad y acceso a un escenario, ahí tengo un tema pendiente sobre representación.

El cartel de Psyched! Fest México tiene una representación amplia y combina proyectos vinculados con movimientos grassroots. Cada uno de sus eventos ocupa un foro que fortalece la escena y aparece, por lo menos, una o un representante de la escena local. Pero lo que más me gusta es que también participan artistas que podrían ser consideradas “las mismas” de varios circuitos.

¡Ah, cómo enojó el tema de “las mismas”!

Lo que me interesa que se comprenda es que, cuando hablo de ampliar la representación, no propongo una rotación en la que unas tengan que bajarse para que otras puedan subir. Tampoco se trata de decirles que ya tuvieron su oportunidad y ahora deben darle chance a las demás. Para mí, la discusión consiste en defender y garantizar los derechos culturales y laborales de todas.

En estos eventos se abrieron más espacios y pudieron entrar las mismas, las otras y las under. Eso es precisamente lo que propongo cuando hablo de una ley de paridad y de igualdad sustantiva: dejar de pelear por dos lugares dentro de una programación de diez y comenzar a ocupar cinco de diez.

El debate sobre “las mismas” termina responsabilizando a las músicas por una desigualdad que no provocaron. Además, desvía la atención de quienes realmente toman las decisiones: las personas que programan, contratan, producen y distribuyen los recursos. Si solo existen dos lugares disponibles, cada nueva incorporación parece desplazar a otra. Cuando existen cinco de cada 10 actos anunciados, es posible reconocer trayectorias, sostener carreras y abrir paso a proyectos emergentes al mismo tiempo, tal como ocurre en la programación donde la mayoría son actos masculinos.

La experiencia argentina aporta información importante. Antes de la Ley 27.539 de Cupo Femenino y Acceso de Artistas Mujeres a Eventos Musicales, conocida como Ley Mercedes Sosa, la participación era de 15.21%. Después de su entrada en vigor alcanzó 32.19%: es decir, la representación aumentó más del 100%. Establecer un cupo mínimo de 30% sí produjo un cambio significativo, aunque su principal limitación es que no plantea una progresividad y ese porcentaje puede terminar convertido en techo. La propia legislación determina un mínimo de 30% a partir de diez artistas programados. 

En México partimos de una realidad diferente. El Estudio de brecha de género en festivales mexicanos ha registrado una representación de entre 22 y 25%, dependiendo del año analizado. Por esa razón, fijar un cupo de 30% no produciría un cambio suficientemente significativo, aunque ese porcentaje ya haya aparecido en alguna propuesta. Aquí podríamos hablar de una transformación real si se estableciera un piso de 40%, acompañado de mecanismos que permitieran avanzar progresivamente hacia la paridad.

También hay que prestar mucha atención a Uruguay. Esta semana, el Senado aprobó un proyecto que establece un piso de 30% para mujeres y disidencias en espectáculos musicales con financiamiento estatal. En caso de incumplimiento, contempla una multa equivalente a 6% de la recaudación bruta y la imposibilidad de recibir apoyos públicos durante un año. Todavía no es ley: deberá ser discutido y aprobado por la Cámara de Diputados.

Las leyes de cupo permiten abrir la puerta, pero la igualdad sustantiva exige preguntarnos cuánto debe abrirse, cómo evitar que el mínimo se convierta en máximo y qué condiciones permitirán permanecer a quienes logren entrar. El objetivo no es sustituir a unas por otras. Es construir escenarios suficientemente amplios para que estén las mismas, las otras y las under. Para que ninguna tenga que desaparecer con el fin de demostrar que existe diversidad.

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