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Ximbo convirtió sus 30 años de rap en una block party


En la semana del Día Internacional del Hip-Hop, Ximbo celebró treinta años de trayectoria con una block party para todas las edades en el Foro Cultural Hilvana. Como ella misma señaló, el encuentro no consistía únicamente en conmemorar su recorrido como rapera, sino en honrar a la cultura que lo hizo posible. Por ello, el programa reunió breaking, DJ, MC y graffiti, mientras el conocimiento —reconocido como el quinto elemento— apareció en la pantalla mediante archivos, testimonios y escenas de una memoria todavía en movimiento.

Un cypher de b-girls y b-boys abrió la jornada. Skafo la Faro estuvo a cargo de conducir esta primera parte, en la que participaron la rapera colombiana Lucía Vargas; Koopa Rock, fundador del sello capitalino Rapdikaloops; y el beatmaker RNDN. También se sumó el bailarín de breaking POPERAHIPHOP, quien compartió el escenario con su hijo, MC. La presencia de ambos hizo visible una de las líneas que atravesaron toda la celebración: la transmisión de la cultura entre generaciones.

Como ocurre en una block party, los lenguajes del hip-hop coexistieron en un mismo espacio. Al breaking inicial le siguieron el trabajo de las y los DJs, el freestyle del público y el graffiti. No hubo una separación rígida entre espectáculo, convivencia y archivo: la comunidad con la que Ximbo ha trabajado y colaborado durante tres décadas ocupó la tarima, el cypher y los distintos rincones del foro.

POPERAHIPHOP también contribuyó con una exhibición de boombox. Las grabadoras formaron un muro de sonido que se convirtió en escenario para fotografías y entrevistas, además de recordar la importancia de estos aparatos en la circulación y escucha colectiva del hip-hop. Casi al cierre, Ximbo posó junto a una de ellas y acompañó el gesto con humor: “Disculpen el cringe”. La escena podía asumirse como una pose clásica, pero también como el reconocimiento de una iconografía que continúa comunicando pertenencia.





El lenguaje visual del encuentro se extendió por la decoración. Sobre el escenario había boombox de distintos tamaños, dos válvulas de Punto Verde (las legendarias), una figura con hoodie y cabeza de válvula, así como las palabras “1996” y “Lü” iluminadas con letras de marquesina. Más que ambientar el foro con referencias aisladas, estos objetos reunieron distintos registros del lenguaje universal de la calle: sonido, escritura, indumentaria, memoria personal y signos reconocibles para quienes han construido su relación con el hip-hop desde épocas y lugares distintos.

Durante “Sueño de un writer”, un graffitero subió a intervenir un black book dispuesto como muro. La escritura ocurrió frente al público mientras Ximbo interpretaba la canción, incorporando el graffiti como una práctica en desarrollo y no solamente como parte del decorado. “CEC 1312” prolongó esa presencia a través del código de práctica, mientras los black books disponibles entre la mercancía invitaban a darle continuidad a los trazos.

Desde la pantalla se incorporó otra dimensión: la memoria. El recorrido comenzó con una niña que sueña con convertirse en rapera —una historia que próximamente podremos conocer completa— y continuó con imágenes de Ximbo adolescente explicando la cultura hip-hop en “Vida sobre ruedas”, episodio del programa Águila o Sol transmitido en 2001. A este archivo se sumaron registros de escenarios, colaboraciones y de las colectivas Rimas Femeninas y Mujeres Trabajando.

No sólo se proyecto el pasado, se recreó, habló de los primeros sampleos que a la distancia suenan mal pero en el momento daban orgullo por realizarlos, así también fue conectando con el público, localizando las personas que habitan sus recuerdos. Quienes rayaban, a dónde se tenían que mover para acceder a una grabadora de doble casetera y entrada de micrófono, la vida DIY mientras construían la escena y sus recursos

Varias de esas relaciones reaparecieron sobre la tarima. Van-T acompañó la recuperación de la historia; Chévere remitió a los años de Magisterio (que no han terminado), mientras que la mención de Rimas Femeninas y Mujeres Trabajando nos conectó con la actualidad de Mujer en Cypher, establecieron un vínculo de raperas, el trabajo que Ximbo sostiene en el presente, no son proyectos como etapas cerradas, sino como una red que ha cambiado de forma y continúa produciendo encuentros.




El repertorio permitió recorrer los sentidos que el rap ha adquirido en su vida. “Medicina” lo abordó como herramienta de cuidado; “Más que un deporte” reafirmó una pertenencia que nadie puede arrebatarle —“nadie me lo quita, nadie me lo quita”—, mientras que “Inmunes”, con la participación de Big Metra, lo planteó como energía y escudo.

“Tríada”, grabada originalmente junto a Ana MC y Vicky MC, tuvo una transformación significativa. Sus partes se convirtieron en espacios para el freestyle de La Cuervo y Lucía Vargas. La pieza conservó su genealogía, pero no intentó reproducirla de manera rígida: abrió lugar para otras voces y para la improvisación. Skool 77 se sumó en “Latin Hoppas”, colaboración lanzada el año pasado, y Bungalo Dub y Bhajan participaron en las canciones que aparecieron originalmente en “Ruta mexicolombiana”, otra muestra de los puentes que Ximbo ha sostenido entre México y Colombia.



Aunque “Verde Menta”, su primera canción, no apareció en el repertorio, la selección no pretendió organizar una retrospectiva completa ni avanzar cronológicamente. Las canciones escogidas tejieron momentos decisivos: su relación con el rap, las colectivas, los viajes, las alianzas y la familia. Su hija Julia formó parte de la dimensión que dio un giro a su historia personal y, en consecuencia la profesional, y Jess Puentes como figura cercana pero también realizando los coros durante todo el concierto, integrando la dimensión afectiva a la historia artística.

En la tarima, 1996 no apareció como una fecha inmóvil, incluso se tatuó en su mano casi al final del evento. Por eso era oportuno felicitar a muchas de las personas presentes, que siguen haciendo la cultura. Fue el punto desde el cual se desplegaron Magisterio, las colectivas, las colaboraciones internacionales, las nuevas generaciones y los proyectos que siguen activos. Cada participación mostró que una trayectoria de treinta años no se explica únicamente por la permanencia individual, sino por las relaciones que permiten crear, circular, aprender y volver a encontrarse.




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