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Aniversaria del Mapa de Músicas Mexicanas: seis años siguiendo las pistas





El 1 de octubre, Día Internacional de la Música, cumple años el Mapa de Músicas Mexicanas. En 2020 se liberó el primer mapeo con 140 actos. Seis años después, el registro reúne más de 700 proyectos y la investigación continúa alrededor de cerca de 3,000 actos. Contar cuántos aparecen en el mapa es apenas una parte de la historia.

El proyecto surgió a partir de una discusión que hoy puede parecer pequeña, pero que terminó abriendo una investigación mucho más grande. Después de editar el cartel de Vive Latino 2020 (que derivó después de la pandemia en el Estudio de Brecha de Género en Festivales Mexicanos), dentro de un grupo de periodismo musical surgieron comentarios de que no había muchas mujeres en la escena y que, además, los proyectos que estaban no tenían suficiente calidad. En lugar de responder con otra opinión, SonoridadMX decidió hacer algo más sencillo: buscar los datos. 

Así comenzó el Mapa. El primer registro, publicado en 2020, partió de una lista de 40 y por relaciones reunió 140 actos. La intención era identificar quiénes estaban haciendo música y dónde estaban. Pronto quedó claro que recopilar nombres era apenas el principio, porque cada nombre llevaba a otro. Un flyer llevaba a una banda. Una banda llevaba a un colectivo. Una colectiva llevaba a otra escena. Un disco llevaba a una generación anterior. Una recomendación llevaba a un proyecto que no aparecía en ningún directorio. Y una vez que comenzaron a aparecer esas conexiones, el mapa dejó de ser solamente una lista, se convirtió en un registro incluso en objetos, fotografías y vídeos (este año llegaron hasta una exposición en MUSA en Jalisco)

El registro también cuenta lo que está pasando ahora

Desde 2021, el Mapa mantiene además un registro anual de lanzamientos, con sencillos y discos publicados por proyectos de mujeres y disidencias. El ejercicio permite observar las tendencias y  producción año con año, pero también construir memoria. Los lanzamientos dejan una huella más precisa que una mención aislada: tienen fecha, nombre, autoría y una historia alrededor. No solo demuestran la continuidad de la producción de música, también evidencian la invisibilización en medios de comunicación y festivales.

Con el tiempo, este registro se ha convertido en otra forma de responder a la pregunta inicial. No solamente cuántas somos, sino qué estamos haciendo, qué estamos publicando y qué está ocurriendo en las escenas musicales mexicanas en un momento determinado.

Algo similar sucede con la agenda de SonoridadMX. Registrar un concierto no sirve únicamente como evidencia de que un proyecto existe. La agenda permite observar la actividad cotidiana de una escena. Actualmente pueden aparecer alrededor de 25 eventos en una semana, y tan solo en la semana previa al 8M llegan a registrarse más de 100 actividades. Los datos dicen que existen. La agenda permite ver que están activas.

Mapear para encontrar

Durante estos seis años se han realizado mapeos colaborativos alrededor de distintas escenas y géneros musicales. El trabajo se ha extendido hacia jazz, blues, reggae, dancehall, ska, rap, punk y otras escenas que han ido apareciendo a partir de la propia investigación. En cada caso, el método es parecido: localizar proyectos, recopilar información, contrastar datos y dejar una puerta abierta para que otras personas puedan seguir agregando nombres, siempre liberando la información para que otras puedan utilizarla. Lo interesante sucede después.

A partir de los datos comenzaron a construirse líneas de tiempo, genealogías y recorridos históricos. Ya no se trataba solamente de saber quiénes estaban haciendo música, sino de preguntar quiénes habían estado antes, qué escenas habían construido, qué colectivos habían formado, qué espacios habían ocupado y qué vínculos existían entre distintas generaciones.

Del registro a las genealogías

El trabajo con las raperas mexicanas es uno de los ejemplos más claros. El mapa permitió comenzar a localizar proyectos, pero la investigación pronto necesitó otra herramienta: reconstruir una historia que no estaba reunida en un solo lugar. De ahí surgió una genealogía organizada en cinco momentos, que va de las pioneras de los años noventa a las generaciones que comenzaron a circular a través de internet, los colectivos, los círculos de rap y los movimientos feministas. Las entrevistas con raperas de distintas generaciones permitieron sumar algo que ningún directorio puede ofrecer: memoria.

Lo mismo ocurrió con otros procesos de documentación histórica, como la investigación alrededor de Batallones Femeninos, donde el trabajo de mapeo permitió comenzar a reconstruir nombres, territorios, vínculos y momentos de una historia que permanecía dispersa.

Más de 200 conversaciones para construir memoria

La historia oral se convirtió en otra de las herramientas que crecieron a partir del Mapa. SonoridadMX ha realizado más de 200 entrevistas y construido un archivo de más de 80 historias de canciones. Son conversaciones con músicas, productoras, gestoras, periodistas y personas que han formado parte de distintas escenas.

No se trata solamente de preguntar por una trayectoria. Las entrevistas permiten recuperar cómo se hicieron los discos, cómo se organizaron los primeros conciertos, quiénes acompañaron determinados procesos, qué espacios fueron importantes y qué canciones quedaron asociadas a momentos específicos. La información que no aparece en una ficha de artista aparece ahí: en la conversación.

De la base de datos a la circulación

Mapear también implicó encontrar maneras de hacer circular lo encontrado. Antes de definirse como medio, en 2022 SonoridadMX colaboró con distintas estaciones de radio para difundir lanzamientos de proyectos registrados en el Mapa, entre ellas Radio Nopal, Violeta Radio, Radio Cósmica, Gravity Radio y Radio BUAP, además de otras emisoras.

La colaboración permitió que el registro no terminara en una base de datos. Los lanzamientos podían llegar a otros públicos y las estaciones podían encontrar proyectos que quizá todavía no formaban parte de sus circuitos habituales. Ese mismo ejercicio de abrir espacio a la escena local tuvo otro capítulo en la columna publicada durante un año en Culturas 22, desde donde se pudieron presentar proyectos, lanzamientos y discusiones alrededor de la música hecha por mujeres y disidencias en México. El objetivo era sencillo: que documentar también significara poner en circulación.



2026: cuando el mapa se convirtió en noticias

Desde hace varios años había otra posibilidad dando vueltas: si existían tantos proyectos, lanzamientos, conciertos, festivales, convocatorias, colaboraciones y movimientos, ¿qué pasaría si simplemente se contara lo que estaba ocurriendo todos los días? La respuesta comenzó a tomar forma en 2026.

Uno de los grandes movimientos de SonoridadMX durante este año fue la redacción cotidiana de noticias. No como una estrategia para llenar un sitio, sino como una consecuencia directa de todo el trabajo de documentación acumulado durante los años anteriores. Había material para escribir.

Todos los días aparecía un lanzamiento, una fecha, una colaboración, un festival, una convocatoria, un proyecto nuevo, un anuncio, un libro o fanzine, una historia que recuperar. La agenda mostraba actividad. El registro de lanzamientos mostraba producción. Las entrevistas aportaban contexto. Los mapeos permitían encontrar nombres y conexiones. 

De pronto, aquello que durante años había servido para demostrar que la escena existía podía convertirse también en materia periodística cotidiana. La experiencia permitió comprobar algo que ya estaba ahí, pero que no siempre era visible: hay suficiente movimiento alrededor de esta escena para que exista un medio que la cubra, de forma extensa, en chismecita en corto o desde perspectivas aliadas, con la incorporación de la columnas invitadas de Ana Karen Martínez y Lorena Olvera.

Y quizá esa sea una de las transformaciones más importantes del Mapa. Al principio había que buscar para demostrar que estaban. Ahora hay que decidir qué contar entre todo lo que está pasando. Pero sostener una cobertura cotidiana tiene un costo que también forma parte de esta historia. Escribir noticias todos los días implica investigar, verificar información, revisar lanzamientos, seguir agendas, contactar fuentes, redactar, editar y publicar. Es un trabajo que exige muchas horas y que no puede sostenerse solamente con entusiasmo. El archivo hizo visible la posibilidad de una cobertura permanente. El reto es encontrar las condiciones para hacerla sostenible, lo que me llevó a considerar la exigencia de la rapidez noticiosa, en mi caso ha sido bajar el ritmo para dedicarle el tiempo adecuado a cada una.

Los festivales también se pueden mapear

Otra de las líneas que surgió de este trabajo fue la documentación de festivales. Desde 2022, SonoridadMX realiza el Estudio de Brecha de Género en Festivales Mexicanos, que permitió dejar de hablar solamente de percepciones sobre la presencia de mujeres y comenzar a observar carteles, porcentajes y cambios año con año.

Pero también aquí los números llevaron a otras preguntas: qué festivales regresan, cuáles desaparecen, qué sucede con las escenas que no llegan a los grandes escenarios y qué ocurre cuando quienes organizan deciden construir carteles completamente distintos. De ahí surgió otra línea de investigación: los festivales 100% femeninos.

Y esa investigación será el siguiente gran capítulo. En 2027, SonoridadMX desarrollará “Festivales 100% en México: respuestas curatoriales ante la brecha de género (2000–2026)”, un proyecto que recuperará la historia de estos festivales y buscará documentar y compesar históricamente a quienes han sostenido las escenas fuera del circuito mainstream. El proyecto tendrá un micrositio, una investigación extensa, un reporte y herramientas de consulta que permitirán seguir las conexiones entre festivales, escenas, territorios y generaciones.

Es, de alguna manera, una consecuencia directa de aquel primer mapa.

Seis años después

El Mapa de Músicas Mexicanas ya no intenta demostrar que existen mujeres haciendo música en México. Eso quedó claro hace mucho. Tampoco pretende ser un censo definitivo. Con más de 700 proyectos registrados y una investigación que sigue en aumento (siempre me preguntan si tengo un mapeo específico), sería imposible pensar que una escena tan amplia pueda quedar cerrada en una sola base de datos y una sola persona, por eso se libera todo y tengo pendiente capacitar a otras para realizarlo desde sus propias necesidades.

El mapa sirve para otra cosa, sirve para recopilar datos y, a partir de ellos, hacer nuevas preguntas. Nunca ha tenido el objetivo de llevarme a algún lado (aunque me ha movido mucho y puesto en contacto con tanta gente, a veces ni yo me la creo con todo lo que me ha pasado por hablar de las morras) o terminarlo, siempre hay algo nuevo que me llena de curiosidad.

El mapa también cambió la pregunta inicial. En 2026, después de seis años de seguir sus rastros, la discusión es otra: qué historias podemos contar cuando dejamos de buscar únicamente nombres y empezamos a mirar las relaciones entre ellos. El 1 de octubre, Día Internacional de la Música, el Mapa de Músicas Mexicanas llega a seis años de existencia, todavía falta mucho por recorrer y conocer.


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