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Las manifiestas en la música: escribir para transformar la escena

Mariana Delgado en el Laboratorio Amplificadas 2025 - Foto: Karina Cabrera 


El 9 de abril se conmemora el Riot Grrrl Day, una fecha que reconoce al movimiento feminista punk surgido a inicios de los años noventa. La jornada recuerda una práctica concreta: escribir, hacer música y generar comunidad desde la incomodidad. En ciudades como Boston, donde se ha proclamado oficialmente este día para honrar a figuras como Kathleen Hanna, la conmemoración insiste en la creación, en nombrar la rabia y en disputar espacios dentro de escenas históricamente dominadas por hombres.

Personalmente, ese fue el primer manifiesto que leí en la música, eran los 90 y los medios especializados trataban de abordar al movimiento mientras sus protagonistas levantaban un muro para controlar su narrativa articulando punk, ética DIY y política feminista, dejando una forma de enunciación colectiva que circuló en fanzines, canciones y manifiestos que pudimos comprender plenamente años después.

El Riot Grrrl Manifesto, publicado en 1991 en el Bikini Kill Zine 2, aparece como una serie de afirmaciones encadenadas por urgencias compartidas:

“Because us girls crave records and books and fanzines that speak to us…”
“Because we must take over the means of production…”
“Because we are angry at a society that tells us Girl = Dumb…”

El texto nombra la necesidad de crear redes entre mujeres, producir espacios propios, rechazar estándares impuestos y construir formas no jerárquicas de hacer música y comunidad. También coloca la rabia en el centro de la escritura.

Ese gesto —escribir desde la experiencia compartida, en plural y con intención de incidir en la escena— permite trazar una línea hacia lo que hoy se nombra como manifiestas en la música.





Una tradición sin archivo en la música

La investigadora Paz Sastre Domínguez, autora de Cómo hacer un manifiesto (2025), lo describe como un vehículo de expresión colectiva que busca movilizar a una audiencia hacia la acción. Su investigación pone al frente manifiestos políticos, artísticos y tecnológicos, desde los movimientos revolucionarios hasta las vanguardias.

En ese recorrido no aparecen manifiestos musicales ni manifiestas (ya con perspectiva feminista) escritas por mujeres dentro de escenas sonoras. Esa ausencia no implica que no existan. Señala una línea que ya he comentado múltiples veces, es una zona poco documentada, donde la música también ha producido sus propias formas de declaración colectiva.




Castration Squad: escribir desde el enojo

A finales de los años setenta, en la escena punk de Los Ángeles, la banda Castration Squad enlazó y retomó ides del Manifiesto Organizativo para el Exterminio del Patriarcalismo de Valerie Solanas, escrito en 1967 y publicado en 1968 desde SCUM, una organización revolucionaria de la que Solanas fue fundadora y única integrante. 

En entrevista para Sonoridad en 2025, Alice Bag explicó que ese texto no fue escrito originalmente por la banda, pero sí apropiado como herramienta para señalar una estructura: un sistema donde la voz pública se concentra en los hombres y donde las contribuciones de las mujeres quedan fuera.

El SCUM manifiesto no tuvo una recepción inmediata dentro de los circuitos feministas; su difusión estuvo marcada por el intento de asesinato contra Andy Warhol. A partir de ese momento, el texto comenzó a circular con mayor fuerza y fue adoptado por mujeres que señalaban los límites de las formas de protesta feminista existentes. 

En su planteamiento, Solanas propone una lectura radical de la desigualdad: sitúa la subordinación de las mujeres como eje estructural de la organización social. Para sostenerlo, recurre a una inversión del discurso freudiano, donde el hombre aparece como una figura incompleta, atravesada por una carencia que se expresa en hostilidad hacia las mujeres y en la reproducción de violencias en distintos niveles: desde lo íntimo hasta lo político. En ese marco, la misoginia no se presenta como un hecho aislado, sino como una lógica que atraviesa instituciones, relaciones y discursos. El texto también señala la construcción de narrativas que sostienen ese orden, donde los hombres logran posicionar su perspectiva como dominante. La circulación del manifiesto respondió a ese tono: directo, sin conciliación, y con una afirmación constante sobre el carácter central de la opresión de género.

En Castration Squad, el origen del grupo también parte de la escritura. Shannon Wilhelm y Patricia Morrison comenzaron a registrar su enojo y la necesidad de cambiar aspectos de sus vidas, incluyendo sus relaciones personales. A partir de ahí decidieron formar una banda. Cuando Morrison no pudo continuar, Wilhelm invitó a Alice Bag a integrarse. El manifiesto aparece entonces como extensión de ese proceso: escribir, nombrar y actuar dentro de la escena.



The Raincoats: reglas para sostener la práctica

En el post-punk británico, The Raincoats desarrollaron otro tipo de manifiesto. En una publicación que reúne “10 Rules for Life”, integrantes como Ana da Silva y Gina Birch plantean principios que atraviesan la vida cotidiana y la práctica artística.

Hablan de escuchar a otras personas, de crear sin censura, de sostener procesos incluso sin reconocimiento, de construir espacios entre mujeres. El manifiesto funciona como una guía de trabajo y convivencia dentro de la música, donde la independencia se construye en lo cotidiano.



Histeria Femenina: hacer ruido como posicionamiento


En 2017, en un momento en el que el feminismo comenzaba a tomar mayor presencia en el espacio público en México, la hoy extinta colectiva Histeria Femenina presentó su manifiesta el 25 de febrero en Clavería 22. El documento se inscribe dentro de una escena musical donde el cuerpo, la presencia y la participación de las mujeres ya implicaban una confrontación directa con las dinámicas patriarcales. 

La manifiesta enuncia una postura clara frente a la violencia machista en espacios musicales y artísticos, tanto públicos como privados, y rechaza la idea de que el género determine el valor de la creación. También coloca el cuerpo en el centro: “poner el cuerpo, siendo mujeres en el escenario musical, ya es un acto de rebeldía”. A partir de ahí, el texto articula una identidad colectiva que no se reduce a una sola forma de ser mujer, sino que reconoce identidades diversas y en transformación. La acción aparece en la voz: gritar, hacer ruido, no subordinarse. La manifiesta nombra esa energía sin suavizarla y la asume como parte de la práctica musical y política.



Sono(soro)ridades: desmantelar las dinámicas de poder a través de la escucha activa y la creación sonora colectiva.


Aunque no han publicado una manifiesta, Sono(soro)ridades articula posicionamientos desde el 2022,  operan como intervención crítica en el campo sonoro. La colectiva desarrollado por Ana Mora, Victoria Polti, Amanda Gutiérrez, Laura Balboa, Freya Zinovieff y Gabriela Aceves-Sepúlveda, parte del concepto de sororidad de Marcela Lagarde (2006) para proponer la sono(soro)ridad como un marco que vincula sonido, género y poder dentro del capitalismo y el patriarcado heteronormativo. 

En diálogo con expresiones sonoras de protesta en América Latina, plantea que lo sonoro permite hacer audibles las violencias y disputas por la memoria. Sus acciones han circulado en espacios académicos y artísticos, y tendrán continuidad en Pluri-Sonoridades en Ex Teresa Arte Actual, que se inaugura el 17 de abril de 2026, donde el proyecto se inserta como una práctica en proceso que entiende el sonido como territorio político.

nuube: la práctica sonora como escucha profunda


La manifiesta de nuube traza una práctica de escucha activa, sensible y colectiva que se construye desde la experimentación sonora como forma de relación, memoria y presencia. Presentada como un tejido fragmentado y expandido, construido a partir de enunciados breves, capas de sentido y repeticiones que funcionan más como pulsos que como afirmaciones cerradas. Se desarrolla como un proceso polifónico y abierto, gestado entre 2022 y 2025, surgió del cruce de encuentros, resonancias y exploraciones compartidas dentro de una escena entendida como espacio político e imaginario. Desde ahí, propone habitar el sonido —en todas sus formas— como lenguaje, vínculo y territorio de autonomía, activando redes de complicidad y creación que desbordan lo individual para situarse en lo común, en constante transformación y reescritura.



Rumba Tropical: paridad en los escenarios

La Manifiesta por la paridad de género en los escenarios en México, presentada el 25 de noviembre de 2025 e impulsada por Rumba Tropical, también surge desde un ejercicio comunitario. La colectiva organizó diez conversatorios donde se debatieron temas como el acoso y la violencia de género en los escenarios, la precarización laboral y las barreras que enfrentan las mujeres para desarrollarse en un ambiente seguro y justo. 

El documento señala la desigualdad en la programación de festivales y conciertos, y plantea la necesidad de avanzar hacia la paridad. A partir de ahí se abre una discusión sobre quién decide los carteles, cómo se construyen las escenas y qué condiciones determinan la visibilidad dentro de la música.



Amplificadas: la manifiesta como proceso colectivo

En 2025, en El Rule en la Ciudad de México, la colectiva Amplificadas desarrolló un taller que derivó en la Manifiesta de las mujeres del sonido para un patrimonio cultural inmaterial. Fue fechada el 28 de julio de 2025 y propone actuar desde la colectividad, la horizontalidad y la educación popular .

El documento se construyó a partir de un ejercicio colectivo: ideas escritas en post-its que posteriormente se reorganizaron para encontrar puntos en común. A este proceso se le nombró “arqueología del post-it”. En la manifiesta se plantea una visión de futuro vinculada con la justicia, la igualdad sustantiva, los derechos laborales y el acceso al conocimiento . También se define una identidad latinoamericana, popular y comunitaria, diversa y multigeneracional .

La manifiesta identifica problemas concretos: desigualdad de género, menor retribución económica, falta de derechos laborales y ausencia de reconocimiento dentro de los ecosistemas culturales .

Desde ahí se enuncia:

“Somos las mujeres que alzamos la voz compartiendo nuestros saberes en la búsqueda del bien común: la música, el sonido.” La manifiesta plantea acciones: crear espacios seguros, reconocer derechos culturales y laborales, preservar saberes y sostener redes entre mujeres.


Escribir la escena, una genealogía en construcción

En todos estos casos aparece un elemento constante: el uso del “nosotras”. Las manifiestas permiten nombrar problemas, construir identidad colectiva y proponer acciones dentro de la música. Surgen en fanzines, talleres, conversaciones, ensayos de banda o procesos comunitarios.

No siempre se registran como parte de una tradición, en otras ocasiones son una manifiestación hacia afuera antes del análisis hacia adentro. Sin embargo, comparten una práctica: escribir para intervenir en la escena.


Los estudios sobre manifiestos han privilegiado la política institucional y las vanguardias artísticas. Las manifiestas que emergen desde la música, especialmente aquellas escritas por mujeres, permanecen dispersas. Reconstruir esa genealogía implica mirar procesos colectivos, escenas locales y prácticas culturales donde estos textos se producen. Las manifiestas en la música dejan registro de algo que ya está ocurriendo. Las escenas también se escriben.

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